2.1 Preliminares
En el Cap. 1 se puso de manifiesto que el método científico es el elemento que define la ciencia. Bunge (2018), al hablar del método científico, lo define como: “un procedimiento para tratar un conjunto de problemas […]. Los problemas del conocimiento, a diferencia de los del lenguaje o los de la acción, requieren la invención o la aplicación de procedimientos especiales adecuados para los varios estadios del tratamiento de los problemas…”. De acuerdo con su concepción del método, Bunge (2018) destaca ocho operaciones en la aplicación de este:
Enunciar preguntas bien formuladas y verosímilmente fecundas.
Arbitrar conjeturas, fundadas y contrastables con la experiencia, para contestar las preguntas.
Derivar consecuencias lógicas de las conjeturas.
Arbitrar técnicas para someter las conjeturas a contraste.
Someter a contraste esas técnicas para comprobar su relevancia y la validez que merecen.
Llevar a cabo la contrastación e interpretar sus resultados.
Estimar la pretensión de verdad de las conjeturas y la fidelidad de las técnicas.
Determinar los dominios en los cuales valen las conjeturas y las técnicas, y formular los nuevos problemas originados por la investigación.
A su vez, sugiere una serie de reglas para la ejecución ordenada de las operaciones anteriores:
Formular el problema con precisión y, al principio, específicamente.
Proponer conjeturas bien definidas y fundadas de algún modo, y no suposiciones que no comprometan cuestiones concretas ni tampoco ocurrencias sin fundamento visible.
Someter las hipótesis a contrastación dura, no laxa.
No declarar verdadera una hipótesis satisfactoriamente confirmada; considerarla, en el mejor de los casos, como parcialmente verdadera.
Preguntarse por qué la respuesta es como es y no de otra manera.
Sin embargo, de acuerdo con Montero (1997), estas reglas no son definitivas ni infalibles y necesitan de ulterior perfeccionamiento, que se llevará a cabo a lo largo de la investigación científica. Además, las reglas del método científico no son autosuficientes, necesitan apoyarse en la inteligencia y creatividad humanas.
En resumen, es el tratamiento sistemático de los problemas, de la forma descrita, y no la certeza de los resultados obtenidos o la utilización de las técnicas muy concretas y específicas, el que garantiza el carácter científico de las conclusiones (Cancelo, 1997). La ciencia de datos, como no podía ser de otra forma, proporciona una serie de metodologías que guían el trabajo de los científicos de datos. Las principales metodologías se presentan a continuación.